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LA PRIMERA SESIÓN

La primera sesión, sin ninguna duda, es la más difícil para el paciente; viene a un lugar desconocido para él (la consulta), a hablar con una persona “extraña” (yo) y a descubrirse ante mi. Este descubrirse se refiere a que el paciente a veces no sabe qué le sucede, pero sabe que algo no va bien, que no se encuentra bien sin saber el por qué.

Esto suele ser frecuente, no obstante, en otros casos, la persona sí sabe qué es lo que le produce malestar, qué es lo que le incomoda de sí mismo y de los demás, con qué aspectos de su vida no está conforme. Cómo digo se dan ambas posibilidades. Es difícil empezar a hablar de sus dificultades, de lo que le impide vivir en paz consigo mismo ó con los otros, pero es también liberador, porque la persona que le escucha lo hace sin juzgarle, sin cortapisas.

Cuando esta persona valiente me está contando lo que le preocupa, muchas veces ocurre que es la primera vez que lo verbaliza delante de alguien, es cierto que lo ha pensado infinidad de veces él solo, en su monólogo interno, pero sin decirlo en voz alta. No se ha atrevido a hablarlo con su pareja, hermano ó amigos íntimos por miedo a no ser comprendido, por miedo a hacer daño… en definitiva, POR MIEDO. A veces además del miedo, el paciente siente vergüenza por lo que le sucede, lo que hace o siente, y eso ha sido un potente motivo para ocultarlo.

Al ser yo una persona desconocida paral él, ese miedo disminuye casi por completo: a mí no me va a dañar, no me va a molestar, no teme mi reacción independientemente de lo que diga ó de lo que sienta hacia algo. Voy a escucharle de forma activa sin frenarle ni coaccionarle. Esa primera sesión es el inicio de un viaje personal de auto descubrimiento, del que saldrá con menos peso emocional y mayor fortaleza y seguridad en sí mismo.

En otra entrada del blog comentaré algunos aspectos  prácticos relativos también a la primera sesión.

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